Un Livebird, la insignia de Liverpool

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lunes, 2 de abril de 2007

Aventuras y desventuras en Oxford y Cambridge (y Liverpool y St. Helens)

Que bonito es esto de viajar y de que te pasen cosas. Y que bonito es que esas cosas te pasen y cambien al segundo. Y que bonito es que el blanco se convierta en negro y que el negro se convierta en blanco tan deprisa que no sepas de que color son las cosas...
El viernes empezó con otro de mis ascensos ad hoc. Mi jefe no vino y yo tenía que ir al manager meeting del viernes por la tarde. Guay. Responsabilidad, trabajo diferente a intentar vender y una oportunidad de oro para demostrar "todo lo que valgo" (jajaja). Encima, llegó la primera (y última) venta del mes. El manager meeting fue un coñazo y encima me di cuenta que nadie quiere a mi jefe y que todos le ponen a caer de un burro a sus espaldas. Normal, se lo merece. Pero yo calladito por si acaso me salpicaba algo.
A la salida, dos alemanes (Rob y Nils), Dani y yo cogimos un coche y nos fuimos a Oxford. Llegamos tarde, encontramos el hostal y salimos a tomar algo. Concierto en un pub, cerveza, cerveza un poquito de chundachunda (o "dance" como algunos lo llaman) y de vuelta al hostal. Pero todo era demasiado perfecto para ser real. Por la mañana me di cuenta de que no estoy enamorado de Dani (ni un ápice) porque como dice Paco, el amor es compartir el primer pedo. Y por la mañana, lo primero que escuché fueron dos maravillosos estruendos que no podían ser de Nils (que estaba en la calle fumando) ni de Rob (que estaba en la ducha); y como sabía que no eran mios, se me pasó todo tipo de lívido para todo el finde.
Las cosas volvieron a remontar. Oxford es una ciudad preciosa con sus jardines, sus colleges, su universidad y su city center peatonal para pasear. Precioso. Comimos algo por ahí y a media tarde nos fuimos a Cambridge, previo paso por la residencia de invierno de la familia real (que por cierto, no visitamos porque costaba un riñón y medio, pero que por fuera era precioso). Carretera y manta hasta Cambrige.
Lo maravilloso de viajar a la aventura sin ninguna reserva es que puedes terminar durmiendo en un Bed and Breakfast/Casa de huéspedes de la Inglaterra profunda donde una mujer negra de unos 80 que no habla casi inglés y que anda como Peces Barba (despacio y balanceándose), te pide 20 pounds por cabeza en una habitación cuádruple con una decoración más propia de los años 60 por alguien sin ningún gusto que otra cosa. La habitación era lo más retro que he visto en mi vida, pero no lo intentaba. Increíble, sin más palabras.
Un poco de party por la noche con una amiga de Rob, que si no fuera porque tenía una nariz con personalidad propia estaría muy buena, y a la cama en la que las liendres y los ácaros jugaban juntos. Por la mañana nos levantamos con el siempre agradable sonido del despertador del móvil (mucho mejor que los estruendos sonidos rectales de una pelirroja). Cambridge es otra ciudad preciosa que tiene todo lo que tiene Oxford y un canal donde puedes alquilar algo parecido a una góndola. Así que después de visitar la ciudad, alquilamos un barquito de esos y terminé haciendo de "gondolieri" (incluido lo de cantar ópera, bueno, zarzuela). Ya os pasaré alguna foto (y el video que me hicieron) porque no tienen desperdicio. Después de casi caerme al canal y sudar todo lo sudable a base de meter el palo en el agua (sin dobles sentidos) y empujar e intentar no torcerte mucho. Comida copiosa en un pub y coche de vuelta a Liverpool.
Todo había sido demasiado perfecto (salvo las flatulencias de la pelirroja según se despertaba), y como dice la canción de Led Zeppelin Good times and bad times, you know they have to share. Y joder si share... Llego a casa y Michelle e dice que tiene muchas cosas que contarme. La verdad es que me preocupó cuando la vi fuera de su cuarto, socializándose. ¿Que coño era tan importante? Pasamos al salón y me ofrece una copa de vino... Yo ya no se que pasa, pero no me cuadra nada. El caso ees que me dice que van a echar a Kaylight y a su novio porque el viernes por la noche el colega aporreo la puerta y gritó cosas personales suyas. La cosa fue tan gore que los vecinos llamaron a la policía y vinieron a detener a Kevi. Flipante, pero ya. El caso es que como Michelle estaba cabreadísima me dio palique sobre lo mucho que odia a la otra pareja hasta las 12 de la noche. Yo, que solo quería ducharme y acostarme a las 10...
Pero como el finde había estado tan bien, la dosis de bad times no había terminado. Esta mañana llego al curro y al rato mi jefe me dice que quiere hablar conmigo. En privado. Nos metemos en el almacén y el colega que viene a por mi como para matarme, fuera de sí, y me dice que por qué le voy poniendo a caer de un burro a sus espaldas en el manager meeting. Flipa. Yo, el único que se había quedado callado. Para mear y no echar gota. El caso es que ahora me odia. Y todo por culpa del director de la oficina, Paul, que hasta ahora era un tío majo pero que se ha convertido en un hijoputa mentiroso que me ha pegado una puñalada por la espalda por ninguna razón aparente. No more coments, juzgad vosotros.
Eso es todo, creo...

1 comentario:

Anónimo dijo...

actualiza esto!!